La impía oscuridad, que no es buena
cubriendo va, el día con su manto
y empieza a rondarme una pena
la soledad, que es un espanto
¡tu amor! ¡me impuso esta condena!
pues al creer yo en tu encanto
y admirándote cual sirena
me engañabas mientras tanto
en mi cerebro aun resuena
como un trueno aquel desencanto
cuando te llegue a decir, ¡nena!
¡se acabo! ¡mas no te aguanto!
pero aun, la duda me apena
a solas vivo con mi quebranto
y la soledad, que no es buena
me hace pensar, ¿y yo? ¿soy un santo?
2 – 7 – 2011
Antonio Ramirez
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